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Obesidad y la comida chatarra

Hace casi 70 años, los estadounidenses consumían un promedio de 10 galones de refrescos gaseosos per cápita al año; 50 años después, esta cifra se incrementó a 60 galones. En 1957 el peso promedio de una hamburguesa era de 1 onza, en 1997 de 6 onzas. En 1957, las porciones de refrescos que se servían en los restaurantes de comida rápida eran de 8 onzas, hoy día, pueden ser de hasta 64 onzas.

¿Le sorprenden estas estadísticas? Pues más le sorprenderá saber que de manera paralela al incremento en el tamaño de las porciones de comidas que los estadounidenses consumen hoy día, también se ha duplicado el número de adultos obesos en las últimas cuatro décadas, y la obesidad se ha triplicado entre menores de edad.

Tan sólo en California, un 19 por ciento de su población ó 4.7 millones de personas, fueron clasificadas como obesas en el 2001. Esta creciente incidencia de casos de obesidad y los problemas médicos que se desprenden de ella, como diabetes tipo 2, enfermedades renales, cardiovasculares y hepáticas y ciertos tipos de cáncer, han empujado a los expertos en salud y autoridades gubernamentales a declarar una crisis nacional.

Un grupo de investigadoras del Centro Dr. Robert C. y Veronica Atkins para el Estudio del Peso y la Salud en UC Berkeley, en colaboración con expertas de Extensión Cooperativa de la Universidad de California que examinó durante tres años reportes realizados entre 1992 y 2003 sobre la relación que existe entre la creciente tasa de obesidad y el cambio en los hábitos alimenticios de los estadounidenses, concluyó que no se puede atribuir a un solo factor (alimenticio) este problema de salud que afecta a millones de niños y adultos en todo el país.

“Los patrones alimenticios que fueron identificados como los principales contribuyentes al incremento excesivo de peso incluyen el consumo de grandes cantidades de grasa, refrescos endulzados, comida de restaurante y comidas preparadas, así como omitir el desayuno”, concluye el estudio. Por otro lado, todos los reportes coinciden en que entre los factores alimenticios que previenen la obesidad se encuentra el consumir fibra dietética, frutas, verduras, calcio y productos lácteos.

El estudio de la Universidad de California cita también que, de acuerdo con investigaciones previas, el consumo de proteína, azúcares simples y jugos de frutas, así como una variedad de alimentos, tamaño de las porciones, frecuencia de las comidas y bocadillos, no están, de manera consistente, relacionados a la obesidad. Basado en sus conclusiones, los expertos de la UC hicieron la siguiente recomendación:

“A pesar de que los expertos continúan acumulando evidencia sobre cómo prevenir la obesidad, las agencias de salud pública interesadas en el tema y los proveedores de salud individuales, no deben esperar más para tomar acción. La evidencia actual sugiere que los proveedores de salud deben promover el desayuno y un incremento en el consumo de frutas, verduras y productos lácteos bajos en grasa, al mismo tiempo que recomiendan reducir el consumo de productos con un denso contenido de calorías, pero bajo en nutrientes”.

Según el estudio, los programas que se enfocan en estos hábitos alimenticios e incorporan actividad física reúnen todos los elementos necesarios para tener éxito en la prevención de la obesidad, especialmente cuando se ha probado que los esfuerzos por “curar” esta condición resultan más costosos y muchas veces poco efectivos.

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