Todos sabemos que a lo largo de los años nuestra piel pierde elasticidad y consistencia, empalidecemos, ganamos arrugas y nuestras manos comienzan a verse quebradizas como un pergamino. Para saber cómo evitar esto, primero debemos entender por qué ocurre. A lo largo del tiempo, el colágeno y otra sustancias que nuestra piel produce para mantenerse joven van perdiendo su eficacia inicial. Lo mismo sucede con el color, empalidecemos a medida que la pigmentación disminuye. Al mismo tiempo, la capa lipídica de la hipodermis comienza a perder tejido conectivo, lo que provoca que la piel se arrugue y comience a colgar en pliegues. Todo esto hace que nuestra piel se vuelva más vulnerable, que las lesiones sean más comunes.

evitar el envejecimiento
Los rayos UV(ultravioletas), principal causa de la pérdida de tejido conectivo, se encuentran con menos capas protectoras. A lo largo de nuestra vida podemos recibir una enorme cantidad de rayos UV sin ver ningún cambio en nuestra piel. Los daños causados pueden aparecer luego de años: la piel se apergamina, aparecen manchas, incluso una exposición excesiva puede ser causa de cáncer.
El envejecimiento de nuestra piel es parte del envejecimiento de nuestro organismo, sólo que al ser el órgano más vulnerable de nuestro cuerpo, también es donde se presentan los primeros signos. La pérdida natural de antioxidantes hace que las moléculas de oxígeno que interactúan permanentemente con otras moléculas se vuelvan inestables. Esto quiere decir que pierden un electrón. La reacción natural de toda molécula es recuperar el equilibrio. Por esto, para compensar la carga positiva que ha dejado el electrón perdido, debe buscar un electrón en una molécula vecina. Al igual que las piezas de dominó que se empujan unas a otras, las moléculas que se encontraban en perfecto estado queden dañadas. Este es un proceso natural de nuestro organismo, pero que puede ser retardado.
Funciones y otros datos acerca de nuestra piel
En la epidermis, capa exterior, se encuentran los melanocitos, células que contienen melanina (pigmentos dan color a nuestra piel), proteínas y otras células epidérmicas. Esta capa, siendo la que se encuentra en permanente contacto con el medio ambiente, es la más vulnerable al desgaste y lesiones por lo que es reemplazada continuamente por capas que se encuentran debajo de ella. Si tomamos en cuenta que la piel es el órgano de mayor tamaño de nuestro cuerpo, sorprende pensar que su capa exterior es totalmente reemplazada en menos de un mes. A lo largo de un año cambiamos doce veces la piel.
En la dermis, o capa intermedia, se encuentran varias glándulas que secretan nuestra transpiración (sudorípara) y aceites (sebácea); ellas son las que mantienen la humectación en la capa exterior y las que nos protegen con una película que mantiene alejadas a las bacterias y a las infecciones. En la dermis también podemos encontrar las raíces del piel y agua. Puede pensarse a la dermis como el motor debajo de la carrocería. Desde aquí, se mantiene con la producción de colágeno y otras sustancias la elasticidad de la piel, se alimenta de nutrientes a la epidermis y se da protección contra las bacterias a todo el cuerpo.
En la hipodermis, o capa interior, se encuentran los vasos capilares (responsables de la irrigación sanguínea) y una capa lipídica que ayuda a mantener la temperatura del cuerpo y actúa como colchón ante golpes. Esta capa es la responsable de dar forma y volumen al rostro y a partes del cuerpo.

0 Responses
Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.
You must be logged in to post a comment.